viernes, 20 de abril de 2012
Bueno o malo ...
lunes, 16 de abril de 2012
Conducir ...
Supongo que mi coche y yo sólo necesitabamos pasar más tiempo juntos. Eso y más confianza en mi misma. Lo de quererme y creer en mi misma me cuesta bastante, pero estoy en ello.
Un amigo me dijo que sólo me hacía falta creer que podía hacerlo bien y practicar mucho. Tenía razón (casi siempre la tiene). En cuanto he cogido más el coche y he creido en mis habilidades, en que era capaz, todo ha mejorado.
Este fin de semana, cuando iba de camino hacia mi desconexión, me he dado cuenta de lo feliz que era conduciendo, de lo que estaba disfrutando el camino. Y eso que el viaje me ha deparado de todo un poco, corto pero intenso, llovizna, mucho, mucho viento... Pero nada, ni miedo, ni angustia, nada, sólo placer.
Ahora cogería el coche y me iría del tirón a Tarifa, para sentarme en alguna playa de Bolonia a ver cómo se funde el sol con el mar al atardecer. O me iría a Galicia a ver a una amiga de la facultad, que no veo desde que acabamos de estudiar, y hace poco nos hemos reencontrado "virtualmente" (Facebook me trae en los últimos meses ese tipo de regalos) y está viviendo allí. Me tomaría algo con ella en algún bar, como cuando pasabamos horas hablando o haciendo trabajos en el bar de la universidad. O me iría a ... bueno, que más da. Me iría a ver atardeceres, o a tomar cañas con amigos lejanos. Y disfrutaría el camino. Siempre he pensado que lo mejor de los viajes era precisamente eso, el viaje. Me encantan los viajes en coche, pero siempre de copiloto. Ahora sería distinto, yo decidiría el rumbo, yo manejaría mi destino.
Así que sí, este fin de semana de desvanecerme me ha servido para descubrir algo nuevo, un nuevo placer. Últimamente observo el mundo como una niña curiosa, descubriendo todo de nuevo... ¡me gusta!!
Me gusta conducir, como decía aquel viejo anuncio (me encanta la publicidad). Además de eso, me he traido muchas nubes, muchas risas, un poco de granizo y mucha paz.
jueves, 12 de abril de 2012
Cállate un ratito...
Últimamente me cuesta reconocerme, y contenerme. Nunca, nunca he tenido problemas para callar, más bien al contrario. No creo que mucha gente supiese lo que yo pensaba o sentía. Soy (o era, ya no lo tengo claro) más de observar.
Pero últimamente tengo graves problemas para callar lo que pienso, o lo que siento (bueno o malo), al menos con la gente importante para mi. Y la sinceridad es un defecto grave, casi un mal mortal, al menos para la amistad. Últimamente me dedico a incomodar a mis amigos, sobre todo a uno de ellos. Entro en una espiral de realidad difícilmente soportable, y hablo de cosas que debería evitar. Y lo veo venir, pero me veo incapaz de parar. La espiral me atrapa, y cada frase, cada palabra reduce un poco el tamaño de los giros, que lo convierte todo en más claustrofóbico. Hasta que la conversación llega a un punto insoportable, y el otro la abandona, casi siempre en una huida precipitada. No los culpo, yo también huiría si fuese capaz, viendo cómo la espiral absorbe todo lo sano, pero nunca puedo.
Temo perderlos, y al final, de tanto temor, me agobio, agobio, y los pierdo.
A este paso me quedaré sin gente importante, sin gente capaz de abandonar esas conversaciones sin mandarme a la mierda.
Hoy he hecho sufrir a alguien increible una de esas conversaciones malsanas.
Esta mañana me he encontrado en plena ciudad una espiral viva que ha salido en mi encuentro. Cada vez creo menos en las casualidades y más en las señales. Mi yo científico debe estar huyendo despavorido.
miércoles, 11 de abril de 2012
Lluvia y desconexión...
He empezado a caminar deprisa, casi corriendo. Pero mientras la música que escuchaba lo inundaba todo y empezaba a sentir el olor a tierra mojada (petricor, geosminas, recuerdos), he comenzado a ralentizar el paso inconscientemente. Las gotas han empezado a empapar mi pelo, a rodar por mis mejillas, a cubrir mis ojos. Es como llorar pero a gran escala, he pensado, y llevo tanto tiempo sin poder llorar que el pensamiento ha ocupado todo, y mi vuelta a casa se ha convertido en eterna, porque no quería que acabara, porque todo era perfecto. Y la realidad es tan imperfecta, tan jodidamente dolorosa, que ese pequeño instante perfecto lo era todo. Hoy no quería llegar a casa. Hoy caminar despacio bajo la lluvia me ha causado un placer infinito.
La lluvia lo limpia todo, hasta la desesperanza...
Esto me he traido de mi pequeña huida. Es raro, pero es. Eso y un millón de fotos.
jueves, 5 de abril de 2012
Estrés
Cualquiera puede conocer mi nivel de estrés. A poco que alguien se fije puede saber cómo estoy, cómo se encuentra mi cabecita. Aparentemente sigo tranquila, pero tomo mucho más café, y me dedico a hacer animalitos. Así que como estos días ando poblando de fauna de papel las mesas de los bares aprovechando cualquier descanso... Me desvanezco unos días a ver si la semana que viene estoy más calmada.
martes, 3 de abril de 2012
Detalles...
Hoy iba hacia una jornada de formación del trabajo, sumergida en la melancolía del día gris, cuando he recibido una llamada de esas que hacen que me lleven los demonios y me den ganas de ... Bueno, de esas. He colgado, y tenía unas ganas de llorar, de gritar... Pero ni llorar puedo. Así que he decidido parar un momento, buscar algo a mi alrededor que me rescatase, que me centrase. He encontrado esto. Cómo me gustan los clavos, las cerraduras, las puertas antiguas...
domingo, 1 de abril de 2012
Autismo...
Hoy la foto no es muy chula, pero el motivo me disculpa. Mañana es el día de concienciación del autismo. A veces lo distinto nos asusta, nos desconcierta, no sabemos enfrentarnos a ello. Por lo general no entendemos a los autistas, ni ellos a nosotros, ni al mundo en general. Yo a veces tampoco entiendo al mundo, el ritmo de la gente, las relaciones. A veces todos somos tan distintos, ... Tal vez sólo fingimos no serlo porque nos asustan las consecuencias. Lo importante es el respeto a la diversidad.


















