martes, 13 de noviembre de 2012

Cerrado por huelga


Hace mucho, o eso me parece, allá por el 30 de marzo, escribí algo con motivo de la anterior huelga, viendo cómo algunos amigos y conocidos se reían de la huelga, de los perroflautas, y del escaso seguimiento. Presa de la mala hostia preferí escribir esto que insultarles como me pedía el cuerpo. Hace unos meses uno de esos que se reía se fue a la puta calle, viva la reforma laboral. No lo llamaré justicia poética porque es mi amigo. Seguro que ahora la huelga no le parece tan molesta ni causa de mofa.
Ahora más que nunca necesitamos movilizarnos, aunque no creo que con una huelga solucionemos mucho. Ahora más que nunca porque, como dice Isaac Rosa, el mejor motivo para hacer huelga es no poder hacerla. Porque mucha gente no puede prescindir de un día de sueldo, porque mucha gente tiene miedo a las represalias. Por eso mismo hay motivos de sobra.
Dejo el texto que escribí.

Huelga


Estos días he leido comentarios de todo tipo sobre la huelga. Tengo amigos de lo más diverso, eso está claro. A algunos no los entiendo, es más, me cuesta hasta respetar sus opiniones, algunas no las respeto en absoluto. Que alguien no quiera defender sus derechos es su problema, si alguien quiere ejercer su derecho a dejarse dar por culo sin protestar me parece una mala decisión, pero es su decisión, al fin y al cabo. Pero que me intenten insultar (le falta ingenio para ser un insulto) por defender lo que es mío, o que se rían por el "poco" éxito de la convocatoria... De verdad os habeis informado de lo que nos quieren quitar? Os creeis inmunes a todo? Creeis que no seréis jamás despedidos, o que no enfermareis nunca. A partir de la reforma faltar 9 días al trabajo en dos meses por una razón justificada será causa de despido procedente. Y ahora estais pensando que eso sólo lo hacen los vagos. Pero no creo que tenga que explicar que existen enfermedades graves que te obligan a faltar bastante. Y claro, es lógico que estés dándote sesiones de quimio por ejemplo, y tengas que ir a trabajar ese mismo día porque si no te echan, porque no tienes bastante con el cáncer. Y hablo de cáncer por poner un ejemplo, pero podría poner mil, aunque supongo que ese es el más claro.
Nos quitarán muchos más derechos, no os preocupéis, dentro de poco hasta ese que tanto molesta, el de hacer huelga.
Así que sí, soy una perroflauta, una ilusa. Pero cuando estemos todos jodidos, no podré pensar que ni lo intenté. Sé que seguramente no hemos conseguido nada, pero había que intentarlo, asentir y consentir si que no es una solución.
Los que me conoceis bien sabeis que no creo que haya una salida pacífica al callejón en que nos encontramos, pero si antes hay que agotar las vías pacíficas y legales, pues se hace.
Y creo que los piquetes no deberían existir, igual que creo que no deberían ser necesarios días como el de la mujer trabajadora, o el día contra los malos tratos. En un mundo perfecto no tendrían sentido, necesidad. Pero nuestro mundo dista mucho de ser perfecto. Aquí hay cabrones que creen que una mujer es poco más que una propiedad, y en algunas entrevistas de trabajo te preguntan sin pudor si quieres tener hijos, si tienes con quien dejarlos, y hasta (lo juro) qué le parece a tu marido que te reincorpores al mundo laboral. Y tú, que lo mandarías a la mierda, o preguntarías si ya hemos retrocedido tanto que es él el que firmará el contrato, sólo puedes mantener la sonrisa y contestar que no tienes por costumbre preguntarle esas cosas, o, si estás muy desesperada, que le parece genial.
Y por eso, porque este mundo es injusto, es por lo que son necesarios los piquetes (los informativos, eso sí). Y si no eres capaz de verlo es porque no has trabajado en una pequeña o mediana empresa con un jefe-cacique que se pasa tu derecho a huelga por... Yo hoy he podido ejercer mi derecho a huelga porque trabajo en una empresa normal, pero soy consciente de que en otros trabajos que he tenido no hubiese podido ni pensarlo, ni plantearmelo. Es un hecho, y quien ha sufrido un jefe-señor feudal me entenderá. Los que no creen lo que escribo... ni siquiera a vosotros os deseo que lo comprobeis por vosotros mismos. Soy mala, pero no tanto.
Los piquetes de hoy eran una molestia menor, cosa de un solo día. Ya me contareis lo molesto que es sufrir que te recorten tus derechos cada día. Ya me direis cómo le explicareis a vuestros hijos por qué vivimos el Cuéntame en directo sin que vosotros movais un dedo... Ah, bueno, eso sí lo haceis. Moveis los deditos para reiros en facebook de los que ejercen un derecho (por ahora) para defender los vuestros, o para quejaros de los molestos piquetes que no dejan ejercer el derecho al trabajo (dadme 10 minutos para que se me pase el ataque de risa).
Y ahora sí, que la lucha continúe.

Añado este video que me ha mandado la dulce calmA, hoy guerrera. Así me gustas! A luchar. Es inspirador, grandes verdades dichas con una claridad aplastante.

Añado también algo que me trae esperanza.  Mi hija mayor (6 dulces años) me ha sorprendido con esto:

Ha hecho el dibujo y con cinta le ha pegado un bote vacío de lacasitos a modo de palo. Es mi pancarta contra "les retallades" (los recortes), mami, me ha dicho. A lo mejor no todo está perdido.

lunes, 12 de noviembre de 2012

365 días

Un año. 365 días. Nada. Todo. Puede pasar rápido como el aleteo de un colibrí, provocando tempestades en el otro lado del mundo. Puede transcurrir lento como el arrastrarse de un caracol, dejando poco más que un rastro brillante y plateado. El tiempo es relativo. Depende, siempre. De si para ti, de si para mi. De si eres feliz, de si estás jodidamente triste. Y 365 días no son nada si los comparas con 7020, ese número que suena a mantra que repetir cuando el mundo te obliga a dejar de creer en todo, porque aun me recuerda que nada es tan imposible, o sí, tal vez precisamente por eso sí. En un año puedes descubrir cómo no necesitar a alguien, aunque lo eches jodidamente de menos. En un año puedes aprender (aunque suene absurdo a estas alturas) la puta diferencia entre puntual y lineal. Puedes entender que no eres inolvidable. Puedes descubrir que la lluvia interna es siempre infinitamente peor que la externa. Puedes recordar lo mucho que te gusta escribir, cómo ayuda. Puede darte por escribir un blog, o dos, mirándote las pelusas de tu enorme ombligo, verbalizando, convirtiéndote en diana humana. Puedes descubrir la felicidad, esa enorme e inesperada. Puedes darte cuenta de lo doloroso que es perderla. Puedes aprender que a veces la amistad es lo más importante, y que vale la pena ser civilizada y guardarse las ganas de todo por seguir teniéndote en mi vida.  Puedes entender que mejor ser montaña rusa que animalito hibernando, ovillado y ajeno a la vida. Puedes saber que a pesar del dolor valió la pena despertar. Que siempre me quedará un concierto, tu abrazo, los paseos, y tu risa.

Hoy es hoy





Este no será el único post de hoy, seguramente. Porque hoy es hoy. Pero hoy también es hoy. Así que...
Tengo un amigo. A veces me dan ganas de estrangularle, otras de abrazarle. Es cínico, irónico, con un sentido del humor peculiar, y a veces un poco cabrón. Pero también es sensible, mi caballero andante (que no viajante), un poeta.
Y es mi amigo, sí.
Miró donde nadie mira, donde nadie se atreve a observar. Vio mis entrañas, me supo oscura y autodestructiva, terrible, y en lugar de huir, como haría cualquiera, reconstruyo mis miserias y las hizo poema. Me resarció por algo que no era culpa suya, por algo que él no había hecho. Y no importó ser nieve, porque me dio esperanza, y desde entonces sé (con certeza) que aquella parejita folla en algún lugar, lejos de aquel portal vacio.
Hoy mi amigo, ese con el que he compartido vueltas del trabajo y madrugadas de borrachera, aunque viva lejos tirando a lejisimos, hoy cumple años. Pero, como el buen vino, mejora con la edad, aunque me hubiese gustado conocerle un par de años antes, cuando aun creía en quimeras y en imposibles
.



Y por más que a veces no sea divertido, aunque discutamos (coño, que discutimos), da igual. Porque para mi siempre serás ese interludio poético, o el que me empuja cuando flaqueo, el que me hace reflexionar, el que me dice verdades, aunque jodan.
Eres mi amigo, te j... (hoy no te lo diré, porque hoy es hoy).
Me gusta que seas mi amigo. Gracias por estar.
Bueno, amigo, jodido poeta, decadente querido, feliz cumple. Diviértete, sé feliz. Lo mereces.




miércoles, 7 de noviembre de 2012

Pequeños tesoros


Hace unos días, haciendo limpieza de recuerdos (sí, ando de limpieza física y mental, y vacío mi alma aquí, y los cajones en mi casa) encontré una moneda de 10 pesetas. Tengo varias, las conservo como un resquicio de cordura. De repente al mirarla más atentamente, me di cuenta de que la habían retocado. En realidad la habían mejorado bastante, y el rey tenía mucho mejor aspecto. Había guardado un pequeño tesoro, un rey punk, durante años sin saberlo. Imagino a Victor, quien lo retocó (así firmaba en el otro lado de la moneda), trabajando para despues liberar su obra. Este hallazgo me trajo a la memoria una historia que escribí hace tiempo...


  Nunca tuve mucha relación con mis abuelos maternos. Para mi eran gente a la que íbamos a ver a menudo, pero que no mostraban mucho interés por nosotros. No era falta de contacto, era más bien falta de cariño. No creo que fuesen malas personas, es sólo que vivían, pensaban como la gente en los pueblos a principios de siglo. Las hijas eran… las que les iban a cuidar, a servir. Las querían razonablemente, pero como a los hijos varones no, eso jamás.
 Cuando estaba en sexto o séptimo de EGB (qué mayor me siento de repente) me mandaron un trabajo en Sociales (vendría a ser Geografía e Historia). Tenía que hacer un trabajo sobre la guerra civil. ¿Qué haría? No quería buscar en la enciclopedia y copiar el rollo que iban a copiar todos. Eso no me servía, no si quería sacar buena nota, no con aquel profesor. Con él había que hacer algo distinto, más creativo, más trabajado. Pensé en hacer una especie de artículo de periódico, tal vez una entrevista, pero… ¿a quién? ¿a quién conocía que pudiese hablarme de la guerra? Mi abuelo había estado en la guerra, pero hacía poco que había muerto. Mi otro abuelo, pensé de repente. Siempre me habían contado que había estado en la guerra, no combatiendo, pero al fin y al cabo había estado, así que fuese lo que fuese que hizo supuse que me serviría. Me daba un poco de miedo, mi abuelo me producía una mezcla entre respeto y temor, pero por intentarlo… Mi abuelo dijo que sí, que me hablaría sobre la guerra, y le entrevisté. Así descubrí a un ser humano con sentimientos, bastante atormentado, y con una memoria prodigiosa.
Empezó a contarme con fechas concretas cuándo había partido hacia el frente (me relató el viaje en tren con días, comidas concretas, etc). Yo, que soy un desastre para las fechas, para los detalles, le escuchaba fascinada. Le habían llevado para hacer albarcas, una especie de sandalias que llevaban los campesinos, para los soldados republicanos. Mi pueblo había quedado dentro de la zona republicana, pero además mi familia era de izquierdas, republicanos convencidos. Si alguien revisa los archivos de fusilamientos y encarcelamientos de la zona, los apellidos son recurrentes, conocidos, míos. No recuerdo bien qué me contó, ni los detalles. El trabajo me quedó bastante bien, saqué buena nota, y mi profesor decidió (unilateralmente) quedárselo de recuerdo. En aquella época de trabajos a mano, de escasas y caras fotocopiadoras, era mi única copia, y tampoco calibré la importancia real que tenía en mi historia personal, familiar. La cinta donde lo grabé tampoco la conservo, gajes de la edad y de la inmadurez. Lo que si recuerdo es que después de abrirme su memoria y su alma, mi abuelo me contó otra historia, esta vez ayudado por mi abuela.
Me contó que cuando acabó la guerra, cuando regresaron vencidos, los franquistas decidieron requisar todo el dinero republicano. No sé si lo hicieron por minar la poca esperanza que quedaba, o por borrar todo recuerdo de la República, pero lo hicieron. No lo cambiaban por la nueva moneda, creo, simplemente se lo llevaban. Mis abuelos tenían ahorros, y siempre conservaron algo de confianza en que la razón acabaría por imponerse, la legalidad triunfaría, y no querían dar lo poco que tenían ahorrado si existía alguna posibilidad, por ínfima que fuese, de que pudiese volver a tener valor. Así que mi abuela, sin consultar con nadie, sin contárselo ni a mi abuelo, metió parte de los ahorros en un frasco y los enterró una noche en el suelo de la cuadra. Era un riesgo enorme, o así lo seguía viendo ella muchos años después, ya en democracia. Seguía contándolo asustada. Pasaron los años, y la República, lamentablemente, no volvió. Mi abuela olvidó casi por completo aquel frasco con su pequeña fortuna. Muchos años después decidieron añadir la cuadra a la casa, y en las obras descubrieron el bote. Mi abuela lo guardó, y después de contarme aquella historia, me entregó aquellos billetes. Después de aquello nuestra relación volvió al punto donde estábamos antes, sin ninguna muestra de acercamiento, de confianza. Era como si aquel instante de cercanía, de abrirme su memoria y su corazón no hubiesen existido. Pero mi visión de ellos había cambiado para siempre. Nunca fueron los mismos. Tal vez nunca aprendí a amarlos, pero sí los respeté, los respeté mucho.
Esta es la historia de mi pequeño tesoro, mis doscientas ochenta pesetas republicanas. No sé si tienen algún valor real, supongo que no. Pero para mi tienen un valor difícil de explicar. Uno de los pocos recuerdos amables que conservo de ellos, una pequeña concesión. Un tesoro.

Barricada – Suela de alpargata - Acustico 2010
Ismael Serrano – Al Bando Vencido

 Mi llavero, dedicado a Novi. Yo también pertenezco al club de las nostálgicas xP

martes, 6 de noviembre de 2012

Montaña rusa


 Hace tiempo me dijo un amigo que qué prefiero, subir o no subir en una atracción de feria. Ya, suena raro. El caso es que si supieses que nunca volverías a subir, si no existiese la posibilidad de un segundo viaje, por más maravillosa que fuese la sensación que te produce esa atracción (de feria, claro)... Subirías, Nuria? Y yo maldije en silencio las atracciones de feria de viaje único, porque me jodía sinceramente la pregunta. Pero claro, 21 años arrepintiendome de no haber subido me parecían excesivos.
Ahora me veo yo como una montaña rusa. Me observo y soy un eterno vaivén de sentimientos.
Soy mariposas asesinas, que luchan por desgarrarme la piel con sus garras diminutas y afiladas. Subidón de oxitocina. Polillas en la garganta. Besos en estaciones. Larvas de libélula atenazando con sus mandíbulas mi cerebro. Ataques de risa hasta el llanto. Arañas que me traen tristeza y melancolía. Piedras con forma de corazón. Peluches pisoteados. Hoy me quiero. Hoy no. Hoy te quiero. Hoy te odio sinceramente. Amiga. Enemiga. Risa. Me pongo desagradable, que me encanta discutir y llevo años callada, sin poder practicar. Valiente. Cobarde, arrinconada hecha un ovillo asustado. Nubes rojas. Nubes grises que amenazan tormenta, preñadas de agua y tristeza. Atardeceres anaranjados. Lluvia tras un cristal.


 Ver amanecer por el retrovisor, y bajar del coche en mitad de la nada para disfrutar el momento. Tener que detener el motor cuando sobreviene el llanto con la rabia. Risas en la merienda. Chantaje emocional en la cena.


  Ser madeja pegada al arco de su pequeña espalda mientras duerme. Mala leche. Ternura infinita en su pequeña mano buscando el lóbulo de mi oreja para recuperar el sueño. Despertarme en mitad de la noche pensando en, y no poder volver a dormir. Robarle horas al sueño sentada en una mesa, escuchando, dejándome poblar por su voz. Escaramuzas, batallas, frios silencios, puta escarcha. Espejos. Releer lo que hiere hasta que es insoportable. Leer cuando aun eramos tiernos, y la vida aun no había sido tan hija de puta. Pesadillas, apocalipsis. Sueños húmedos, espejos, de nuevo. Escolopendras. Que no vuelvan las escolopendras. Llorar palabras. Escribir promesas.


 Sí, sí, sí, cierto. Posts raros. Se me pasará. Días raros. Se me pasará.

System Of A Down – Toxicity
Doctor Deseo – Soñar, Desear y Atreverse

lunes, 5 de noviembre de 2012

34 músculos




Si hubiese sabido… De nada sirve lamentarse, jamás.  Pero si lo hubiese sabido. Si hubiese sabido que era el último, que aquel beso era el adiós,… ¿Lo recordaría con más nitidez? ¿Hubiese hecho que durase más? Seguramente si hubiese sabido que era el último no lo hubiese disfrutado. Uno piensa que si supiese que es el final viviría las cosas con mayor intensidad. Pero yo soy yo, y si hubiese sabido que era el último, seguramente no hubiese podido con la tristeza, y no lo hubiera disfrutado en absoluto.
Ojalá lo recordase mejor, ojalá recordase cada segundo. Imposible. Dopamina, adrenalina, noradrenalina, oxitocina circulando por mis venas, subidón hormonal, la tensión arterial en ascenso, el pulso acelerándose… Imposible recordar con exactitud. Recuerdo que flotaba, recuerdo que era feliz, recuerdo tu calor y tu abrazo. Creo que el último fue demasiado corto. Creo que odias las despedidas tanto como yo.
5 de los 12 nervios craneales que afectan a las funciones cerebrales a pleno rendimiento, 34 músculos en funcionamiento. 34, ni más ni menos.  Neuropéptidos  protegiéndonos. Deseo.
Es, creo, lo que más echo de menos en este puto desierto que es mi vida en este momento. Moriría por esos 34 músculos en movimiento, por miles de terminaciones nerviosas en plena explosión de placer.
Mi orbicularis oris, falto de práctica, echa de menos los besos. Besar a alguien que me importe.
Un beso, uno sólo. No es tanto, ¿no? Por lo visto es mucho, es demasiado.
Echo de menos ese momento en que las miradas se cruzan, leve desviación hacia los labios, sangre fluyendo, me muerdo levemente el labio inferior, te miro, aproximación, choque, fusión, lenguas en plena batalla, enredadas, bailando una música inexistente, aun por escribir…
Coño, no es tanto pedir. Pues sí.


Pd: Siempre es mejor arrepentirse de lo que has hecho que de lo que no hiciste...

viernes, 2 de noviembre de 2012

Leeme el aura

Loca. La mayor parte de la gente que me cruzo está así, loca. Los atraigo. Pon un loco en una calle inmensa llena de gente y ponme a mi en esa misma calle y el loco viene a mi, seguro. Será porque me gustan, porque me atraen de alguna forma.
Está la señora del vestido de flores, el sombrero florero y las 3 trenzas. Para ponerse todo lo que lleva encima debe tardar siglos. Tienes un minuto? Pero a ti te parece que yo tengo tiempo libre? Sí, mucho. La imagino haciéndose esos sombreros imposibles, tanto peso en la cabeza... Así acabamos.
O el extraterrestre, abrigo Matrix hasta el suelo, gafas oscuras. Tienes un minuto? Mira, es que no soy de este mundo. Joder, este no tiene ni NIE, no me sirve. Pero yo, perseverante y curiosa pregunto de dónde es. Pues de otro planeta. Coño, acabaramos, eso explica muchas cosas. Pero este no se ha enterado de cómo está España. Pobre, seguro que hace muchos años luz cuando partió de su hogar esto todavía no estaba tan jodido. Así que, cortés, pregunto de qué planeta. Me has cansado, contesta, te desintegraré con mi rayo cósmico, fiu, fiu, fiu. Joder, seguro que me ha dejado alguna partícula fuera de sitio.
Tienes un minuto? Pregunto a un tío con traje y muy buena pinta. Este colabora, fijo. Yo, preciosa es que no creo en el sistema financiero. No tengo dinero, ni cuenta corriente. Vale, Nuria, despídete amablemente antes de que te explique (amplia y detalladamente) sus motivos. Muchas gracias por tu tiempo. Pero te puedo leer el aura. Jooooder, hoy justamente que no me la he limpiado, y que el otro con el rayo desintegrador seguro me la ha dejado hecha unos zorros... Hala, pues leemela, total. Tienes un aura brillante, bella. La vida te irá muy bien. Todo lo que te propongas saldrá bien, no temas. No temo. Me temo. Me temo que tu aparato lector de auras está un poco descalibrado. Pero gracias por el intento. Me abraza, feliz. Soy maravillosa, dice. Vale, sí, pero suéltame un ratito, que creo que tú lo que quieres es penetrarme el aura esa preciosa que tengo.
Tienes un minuto? Vale, Nuria, este sí. Cuarenta y pocos, corte de pelo perfecto... Es que mi madre no me deja hablar con desconocidos. Y yo, pervertidora de adora-madres, "pero no te preocupes, seguro que no se entera (además, joder, tengo el aura perfecta, a tu madre le encantaría)". Si, sí, se entera seguro, ella lo sabe todo. Claaaaro, pues nada, que me diga los números del Euromillón, que con el día que llevo faltita me va a hacer, pienso. Pero el pobre empieza a alejarse asustado. Al rato me lo encuentro otra vez. Tu madre te deja hablar ya con desconocidas? Mi compañera, que no sabe nada me mira alucinada. El hombre sonríe. Soy policía. Secreta? Bueno, nosotros le llamamos del departamento de información. Y psicotécnico no pasais, no?
Venga, Nuria, para casa. Hoy debe haber luna llena. Seguro que son los recortes, que ya han empezado a afectar al área de salud mental.

Nirvana- Territorial pissings.