martes, 6 de noviembre de 2012

Montaña rusa


 Hace tiempo me dijo un amigo que qué prefiero, subir o no subir en una atracción de feria. Ya, suena raro. El caso es que si supieses que nunca volverías a subir, si no existiese la posibilidad de un segundo viaje, por más maravillosa que fuese la sensación que te produce esa atracción (de feria, claro)... Subirías, Nuria? Y yo maldije en silencio las atracciones de feria de viaje único, porque me jodía sinceramente la pregunta. Pero claro, 21 años arrepintiendome de no haber subido me parecían excesivos.
Ahora me veo yo como una montaña rusa. Me observo y soy un eterno vaivén de sentimientos.
Soy mariposas asesinas, que luchan por desgarrarme la piel con sus garras diminutas y afiladas. Subidón de oxitocina. Polillas en la garganta. Besos en estaciones. Larvas de libélula atenazando con sus mandíbulas mi cerebro. Ataques de risa hasta el llanto. Arañas que me traen tristeza y melancolía. Piedras con forma de corazón. Peluches pisoteados. Hoy me quiero. Hoy no. Hoy te quiero. Hoy te odio sinceramente. Amiga. Enemiga. Risa. Me pongo desagradable, que me encanta discutir y llevo años callada, sin poder practicar. Valiente. Cobarde, arrinconada hecha un ovillo asustado. Nubes rojas. Nubes grises que amenazan tormenta, preñadas de agua y tristeza. Atardeceres anaranjados. Lluvia tras un cristal.


 Ver amanecer por el retrovisor, y bajar del coche en mitad de la nada para disfrutar el momento. Tener que detener el motor cuando sobreviene el llanto con la rabia. Risas en la merienda. Chantaje emocional en la cena.


  Ser madeja pegada al arco de su pequeña espalda mientras duerme. Mala leche. Ternura infinita en su pequeña mano buscando el lóbulo de mi oreja para recuperar el sueño. Despertarme en mitad de la noche pensando en, y no poder volver a dormir. Robarle horas al sueño sentada en una mesa, escuchando, dejándome poblar por su voz. Escaramuzas, batallas, frios silencios, puta escarcha. Espejos. Releer lo que hiere hasta que es insoportable. Leer cuando aun eramos tiernos, y la vida aun no había sido tan hija de puta. Pesadillas, apocalipsis. Sueños húmedos, espejos, de nuevo. Escolopendras. Que no vuelvan las escolopendras. Llorar palabras. Escribir promesas.


 Sí, sí, sí, cierto. Posts raros. Se me pasará. Días raros. Se me pasará.

System Of A Down – Toxicity
Doctor Deseo – Soñar, Desear y Atreverse

lunes, 5 de noviembre de 2012

34 músculos




Si hubiese sabido… De nada sirve lamentarse, jamás.  Pero si lo hubiese sabido. Si hubiese sabido que era el último, que aquel beso era el adiós,… ¿Lo recordaría con más nitidez? ¿Hubiese hecho que durase más? Seguramente si hubiese sabido que era el último no lo hubiese disfrutado. Uno piensa que si supiese que es el final viviría las cosas con mayor intensidad. Pero yo soy yo, y si hubiese sabido que era el último, seguramente no hubiese podido con la tristeza, y no lo hubiera disfrutado en absoluto.
Ojalá lo recordase mejor, ojalá recordase cada segundo. Imposible. Dopamina, adrenalina, noradrenalina, oxitocina circulando por mis venas, subidón hormonal, la tensión arterial en ascenso, el pulso acelerándose… Imposible recordar con exactitud. Recuerdo que flotaba, recuerdo que era feliz, recuerdo tu calor y tu abrazo. Creo que el último fue demasiado corto. Creo que odias las despedidas tanto como yo.
5 de los 12 nervios craneales que afectan a las funciones cerebrales a pleno rendimiento, 34 músculos en funcionamiento. 34, ni más ni menos.  Neuropéptidos  protegiéndonos. Deseo.
Es, creo, lo que más echo de menos en este puto desierto que es mi vida en este momento. Moriría por esos 34 músculos en movimiento, por miles de terminaciones nerviosas en plena explosión de placer.
Mi orbicularis oris, falto de práctica, echa de menos los besos. Besar a alguien que me importe.
Un beso, uno sólo. No es tanto, ¿no? Por lo visto es mucho, es demasiado.
Echo de menos ese momento en que las miradas se cruzan, leve desviación hacia los labios, sangre fluyendo, me muerdo levemente el labio inferior, te miro, aproximación, choque, fusión, lenguas en plena batalla, enredadas, bailando una música inexistente, aun por escribir…
Coño, no es tanto pedir. Pues sí.


Pd: Siempre es mejor arrepentirse de lo que has hecho que de lo que no hiciste...

viernes, 2 de noviembre de 2012

Leeme el aura

Loca. La mayor parte de la gente que me cruzo está así, loca. Los atraigo. Pon un loco en una calle inmensa llena de gente y ponme a mi en esa misma calle y el loco viene a mi, seguro. Será porque me gustan, porque me atraen de alguna forma.
Está la señora del vestido de flores, el sombrero florero y las 3 trenzas. Para ponerse todo lo que lleva encima debe tardar siglos. Tienes un minuto? Pero a ti te parece que yo tengo tiempo libre? Sí, mucho. La imagino haciéndose esos sombreros imposibles, tanto peso en la cabeza... Así acabamos.
O el extraterrestre, abrigo Matrix hasta el suelo, gafas oscuras. Tienes un minuto? Mira, es que no soy de este mundo. Joder, este no tiene ni NIE, no me sirve. Pero yo, perseverante y curiosa pregunto de dónde es. Pues de otro planeta. Coño, acabaramos, eso explica muchas cosas. Pero este no se ha enterado de cómo está España. Pobre, seguro que hace muchos años luz cuando partió de su hogar esto todavía no estaba tan jodido. Así que, cortés, pregunto de qué planeta. Me has cansado, contesta, te desintegraré con mi rayo cósmico, fiu, fiu, fiu. Joder, seguro que me ha dejado alguna partícula fuera de sitio.
Tienes un minuto? Pregunto a un tío con traje y muy buena pinta. Este colabora, fijo. Yo, preciosa es que no creo en el sistema financiero. No tengo dinero, ni cuenta corriente. Vale, Nuria, despídete amablemente antes de que te explique (amplia y detalladamente) sus motivos. Muchas gracias por tu tiempo. Pero te puedo leer el aura. Jooooder, hoy justamente que no me la he limpiado, y que el otro con el rayo desintegrador seguro me la ha dejado hecha unos zorros... Hala, pues leemela, total. Tienes un aura brillante, bella. La vida te irá muy bien. Todo lo que te propongas saldrá bien, no temas. No temo. Me temo. Me temo que tu aparato lector de auras está un poco descalibrado. Pero gracias por el intento. Me abraza, feliz. Soy maravillosa, dice. Vale, sí, pero suéltame un ratito, que creo que tú lo que quieres es penetrarme el aura esa preciosa que tengo.
Tienes un minuto? Vale, Nuria, este sí. Cuarenta y pocos, corte de pelo perfecto... Es que mi madre no me deja hablar con desconocidos. Y yo, pervertidora de adora-madres, "pero no te preocupes, seguro que no se entera (además, joder, tengo el aura perfecta, a tu madre le encantaría)". Si, sí, se entera seguro, ella lo sabe todo. Claaaaro, pues nada, que me diga los números del Euromillón, que con el día que llevo faltita me va a hacer, pienso. Pero el pobre empieza a alejarse asustado. Al rato me lo encuentro otra vez. Tu madre te deja hablar ya con desconocidas? Mi compañera, que no sabe nada me mira alucinada. El hombre sonríe. Soy policía. Secreta? Bueno, nosotros le llamamos del departamento de información. Y psicotécnico no pasais, no?
Venga, Nuria, para casa. Hoy debe haber luna llena. Seguro que son los recortes, que ya han empezado a afectar al área de salud mental.

Nirvana- Territorial pissings.


miércoles, 31 de octubre de 2012

Un día cualquiera (bienvenido a la rutina)


 Mierda, por un par de minutos. Me han sobrado los 3 cafés, eso me ha retrasado. Pero sin ellos vuelven las larvas de libélula a atenazar mi cerebro grisaceo con sus mandíbulas. Aun así las noto, como una leve presión en las sienes. Me ha faltado el cuarto, ese que me tiene siempre mi madre preparado. Has tomado café? No, le miento a diario. Me mira. Bueno sí, pero da igual.
Hoy lo ha olvidado.
Hoy los fluorescentes de la estación tiemblan, desacostumbrados al frío. La luz sufre leves oscilaciones. Empeoran la presión en mis sienes. Malditas larvas.
Llega un metro, conversaciones cruzando las puertas. Me quedo sola en la estación, con el maldito vaivén de los fluorescentes.
Pasos, bolsas, legañas, un perfume nauseabundo, demasiado persistente, gente que carga paraguas. Ha dejado de llover. Pañuelos, virus, más pasos, gente que conversa, pies que se arrastran, e-books que me hacen sentir una punzada de envidia, una chica con una pila de currículos, ayer mi pila se distribuyó inútilmente en diversas páginas web.
Mi metro, puertas que se abren y cierran, un asiento vacío. Gente que se agolpa, huelga de trabajadores del metro. Observo mientras el vagón me transporta a la rutina, a la muerte diaria.


Llego al trabajo, cara nueva. Creo que ha dicho que se llama Sandra. Me da igual. No quiero saberlo. Cuando lleve más de una semana ya lo averiguaré. He decidido no encariñarme con la gente. Entran, salen, como mucho un mes, mes y medio, después a la puta calle. Y si he charlado con ellas, pongamos, de camino al metro, corro el riesgo de que me caigan bien. No importa, con esta no me pasará. Cuestión de piel. Las vibraciones de hiedra me llegan desde el otro lado de la calle. No, con esta no me encariñaré, pero esta seguirá aquí cuando yo me vaya. Seguro.
Hace unos meses tenía una compañera genial. Trabajar era divertido. Cantar "Delincuencia" o alguna de Ramones cuando teniamos un mal día y la gente estaba especialmente desagradable lo mejoraba todo. Los ataques de risa también. Y encima eramos productivas.
Pero este trabajo te quema el alma, y al final se fue. Es feliz. Me gusta saberlo, me gusta poder seguir compartiendo cafés, o una cerveza.
 Después sólo me ha dado tiempo y ganas de encariñarme con otra compañera. Era genial, y el trabajo volvió a ser un poco divertido. La echaron. Un mal mes.
Ahora caras van y vienen, no aguantan, o no les aguantan. Mierda de trabajo precario, mierda de objetivos, mierda de... Ya, ya, por lo menos aun tengo trabajo. Por ahora.

Ismael Serrano – Recuerdo

martes, 30 de octubre de 2012

Amor versus eso otro


O cómo pasar de ser una gilipollas feliz a ser completa y sencillamente gilipollas. Encoñarse versus enamorarse...
Es fácil caer en la trampa, pensar que estás enamorada, querer estar enamorada. Me gusta la sensación. La echo de menos de una forma brutal. Echo de menos que las mariposas habiten mi estómago en lugar de mi garganta. Echo de menos bailar mientras hago la cena, cantar mientras camino, o bajo escaleras. Echo de menos tener ganas de silbar por la calle, y la cara de gilipollas (feliz y sonriente) perpetua. Echo de menos esperar tus mails, tus besos de otoño, de té, de merienda. Echo de menos tu voz rara antes de clase. Echo de menos hacer planes, saber que seré fuerte y podré luchar por ellos. Echo de menos sobre todo la sensación de imbatibilidad constante, saber que puedo derrotar dragones con mis manos, y hacer que desaparezcan los monstruos de mis sueños. Echo de menos sobre todo la sensación de poder, de inmortalidad.
Y cuando acabó, o no acabó, porque no había nada que dar por concluido, me sentí una Eva absurda, expulsada sola del paraiso. Conocí levemente la felicidad, ese jardín perfecto lleno de imperfecciones, hasta que me mostraron la salida. Usted es persona non grata, le mandamos la invitación por error, equivocamos el destinatario. Fuera.


Y entonces dolor. No de ego, no. Dolor del copón, del de verdad, del físico.
Y ahora busco, como un perro abandonado cariño en sitios equivocados, intentando recuperar algo de aquella sensación que me invadía. Y tal vez por un segundo creo haberla recuperado. Y cuando todo sale mal, que sale, solo entonces me doy cuenta de que no era amor. No como aquel. Lo sé porque lo que me duele es el orgullo, mi ego ciclotímico. 
Gracias por los buenos ratos, por las letras, por la poesía. Se feliz. Fin.

Extremoduro – Golfa
Marea – No Quiero Ser Un Poeta

domingo, 28 de octubre de 2012

Arañas, rosales, problemas de cobertura

Aviso: Si fuese tú no seguiría leyendo. Si sigues, allá tú. Perdón por las arañas.



Arañas enormes habitan bajo mi cama, esperando que cambie mi respiración, que deje el mundo y entre en mis sueños para meterse por mis oidos, por mi boca, por mi nariz, y llenar mi cerebro de sus telarañas pegajosas, donde quedan pegados los monstruos, la melancolía, la tristeza, … Y ahí permanecen, golpeando mi cerebro en su lucha por liberarse, atrapados, condenados a vivir conmigo.


 Y vuelven a brotar rosales de mi garganta. Espinas desgarrándola, sabor metálico. Todo se vuelve rojo, después amarillo, todo desaparece. Gira, gira, gira el puto mundo alrededor, y los sonidos llegan pastosos, tan densos que no pueden entrar en los oidos.
Ausencia, vaivén, te quiero y no te quiero, a ratos, a turnos. Hoy toca, hoy no.
Vuelve. Siempre vuelve. Perfecto, todo es de una perfección desesperante, exasperante, obtusa. Una perfección llena de aristas, de espinas, de esquirlas que se clavan en mi piel, haciendo jirones de Nuria, dejándome dolorida y ajada. Así que recojo  pedacitos, los restos de epidermis, de dermis e intento recomponerme pegándolos con mi saliva. Pero caen, siempre caen.
Hablar tampoco funciona, es como si yo hablase ruso y las palabras llegasen en bielorruso. Parece lo mismo. No lo es. Y entonces malentendidos, palabras que vuelven llenas de escarcha, mutadas, terribles. Esas no son las mias, las has entendido mal, grito yo desconcertada. Esas son otras, distintas, oblicuas, punzantes.
Interferencias, problemas de cobertura, soledad. Neuronas que deciden suicidarse en masa. Astrocitos impotentes ante tanta autodestrucción.
Lobotomía sin anestesia. No suena mal. Arrancar la consciencia, la melancolía, el pseudorromanticismo de saldo. Un punzón atravesando circunvoluciones, mielina, axones cercenados… Silencio, al fin. Fin de …

jueves, 25 de octubre de 2012

Paco y Claudia


Estoy trabajando cuando un hombre muy mayor se acerca a mi. Yo ya colaboro, me dice con una voz pastosa y muy baja, casi ininteligible. Le sonrío y le doy las gracias. Entonces empieza a hablar, y yo, que no debería, según mis superiores, perder el tiempo en escuchar a la gente, me pongo a escucharlo con atención.
A veces sólo necesitamos que nos  escuchen, importarle a alguien aunque solo sea un segundo.
Se llama Paco, me cuenta. Su mujer murió el 25 de agosto. Habla de ella en presente, como si se negase a dejarla marchar. Me he quedado solo, me dice. Le dio un derrame cerebral en casa, y ya. Fin, fin de todo. Llevabamos 56 años casados, más dos de novios, ¿sabes? Una vida, toda una vida con ella. Ahora no sé que hacer. Cuando me agobio mucho salgo y paseo. Siempre llevo sombrero, me reconocerás si me ves de nuevo, ¿verdad? Por supuesto. Y me saludarás, ¿verdad? Sonrío y le digo que claro.
Me cuenta cómo empezó con Claudia, su mujer. La conocía de toda la vida, era hermana de mi amigo. Sabía que tenía que ser ella, pero esperé a que cumpliese 17 años, ¿sabes? Por respeto. Entonces, ya licenciado del servicio militar volví al pueblo. Somos de un pueblo de Córdoba, ¿sabes?
Había baile aquella noche. La invité a bailar y le pregunté si tenía novio. Me sonrió y me dijo que no, ¿sabes? Y le dije que yo tampoco, y le pedí salir. Y se pone a reir recordando. Y yo río con él.
Nuria, ¿verdad? Sí, Nuria. Pues Nuria, si me ves otro día salúdame. Igual no me doy cuenta. Me gustará volver a hablar contigo. Y a mi, Paco, y a mi.
¿Te puedo decir una cosa sin que te moleste? Claro, respondo. Tienes la sonrisa más preciosa del universo. Y yo, que he decidido quererme, en vez de pensar lo que pensaría normalmente (Paco, que Dios te conserve el oido, porque la vista ya no tiene remedio), le sonrío. Me da la mano. Un placer. No, el placer es mio.
Se marcha con paso lento, sonriendo.
Me da esperanza ver a alguien que tras 58 años sigue llamando nena a su mujer, que habla de ella con esa sonrisa y ese brillo. Tal vez sí exista el para siempre. Habrá que buscarlo.


Entre tantas historias tristes que escucho, me apetecía rescatar esta.