Habla en sueños, como ella. Recuerdo que podía mantener conversaciones sabiendo que ella dormía, y que si sabía llevar bien la conversación no había posibilidad de secretos. Descubrí pronto el respeto, la privacidad. Si había cosas que no me quería contar despierta, debían quedar ahí, ocultas en sus sueños. Nunca me dijo si yo hablaba. Es algo que he temido toda mi vida. Hay palabras que deben quedar en tu pensamiento, que no se deben verbalizar, porque te dejan desnuda y vulnerable, y asustan. Yo tengo esta manía de arrancarme la piel, de enseñar mis entrañas y verbalizar más allá de lo conveniente. Pero no me apetece hacerlo sin ser consciente, la verdad.
La primera vez que habló con alguien ajeno en sueños aquel alguien casi muere del susto.
Ahora mi ella se gira, diminuta y enorme en mi cama y me pide que la columpie. Me mira con los ojos abiertos, pero aun dormida, y me dice que me quiere, con el pelo revuelto sobre la almohada, sus enormes ojos mirándome fijamente.
A veces me pregunto si la vida es esto que me sangra, este dolor que se me sale por los descosidos, porque a ratos a mis costuras les da por descoserse, y a través de los pespuntes se me ven las entrañas, terribles. No me extraña que la gente huya en cuanto las ve. A veces, sola, cuando la noche se me hace enorme y la vida se me antoja lago en el que ahogarse, me da por pensar que la lucha no tiene sentido. Pero entonces me mira dormida, mientras me acaricia el pecho, costumbre inevitable desde la época en que aun mamaba, y me dice ese te quiero que es tan de verdad que duele un poco. Y la lucha merece la pena, y en el lago se va a ahogar su puta madre.
Me acaricia la cara y me da un beso dormida. Te quiero mami Nuria. Y yo a ti mi vida, no imaginas cuánto. Hoy me rescatas.
Hoy creas un lazo entre el mundo y yo que nunca sospecharás lo necesario que era. Mi alma andaba alzando vuelo, queriendo huir de mi. Pero te mira en mitad de la noche y decide quedarse, un poco más.
Hoy voy a hacer algo que no he hecho nunca: presentarme. Esta soy yo. Sí, esa de un poco más abajo, en la cama, despeinada y muerta de la risa. Esa soy yo con mi enana. Así es como debería estar siempre, feliz. Pero la vida tiene momentos para todo. Si me vieseis por la calle no me reconoceríais, porque soy muchas Nurias. Si me vieseis por la mañana, con el pelo suelto, Marea en el mp3, canturreando con cara de mala hostia porque pierdo el metro, o riendo porque escucho a Extremoduro y Robe parece haberse metido en mi cabeza para escribir la letra, no me reconoceríais. O si me vieseis con el moño, preparada para enfrentarme a los lobos, o con la trenza (con mi pena Tristeza se hace una trenza) que me recuerda que alguien alguna vez me quiso, tampoco me reconoceríais. Soy cambiante. Dependiendo de mi humor me disfrazo de señora, con traje y taconazos, o de treintañera a punto de ir a un concierto de rock, o de adolescente con mi camiseta rosa de corazones que forman una calavera.
Ahora me disfrazo de soldado, preparado para ir a la batalla, poniendo cara de valiente y fingiendo que las mariposas no han anidado en mi garganta. Porque se acerca la batalla final (aunque parece aun tan lejos) y tengo que estar preparada. Espero recordar algo de lo que me enseñó mi abuelo jugando a las cartas, y mi cara para esconder si llevo una mala mano no me traicione.
Por ahora intento permanecer entera y seguir dando pasos. Abrir puertas.
Por el camino voy perdiendo soldados de mi pequeño ejército, mientras otros se unen. A otros los alejo.
Como me sobran amigos (juas irónico) he apartado el mismo día a dos importantes. ¿Por qué? No sabría decirlo. Necesito fuerzas para la batalla, poco más. Aun así, ver cómo no hacen nada para evitar que les aleje me deja las cosas más claras. Perder a tu mejor amigo en un momento así es una mierda. Pero positivizo, y pienso en los pasos que he dado este año y pico gracias a él. No tendría cuenta de banco propia si no me hubiese mandado todos los papeles y casi obligado a hacerla. No hubiese buscado un abogado sin su empuje.
Soy una cobarde. Ahora estoy asustada de haberla cagado y tener que seguir sola, sin su apoyo. Pero lo haré. No puedo seguir muriendo de tristeza. Las cosas se pudren y al final la putrefacción lo llena todo, te alcanza si no sabes desechar lo que está en mal estado. Es hora de poner soluciones, con o sin apoyo.
Así que ahora necesito centrarme, estar entera. Me tomo un descanso de casi todo. Hace un par de días cerré mis cuentas de Facebook y Twitter. Y no ha sido tan terrible. Mirar cada poco tiempo el móvil como forma de automutilación me estaba consumiendo. Me siento un poco más libre. Supongo que en un par de semanas estaré desesperada, no sé.
Aquí me voy a tomar un respiro. Quiero vivir, luchar, hacerme fuerte, aprender a quererme, intentar ser feliz. Así tendré muchas cosas que contaros cuando vuelva si seguís por aquí. Sólo quiero que no todas sean tristes.
Sed felices en mi ausencia. Os echaré de menos. Gracias por estar conmigo este tiempo, por hacerme feliz y aguantarme. Sois cojonudos.
Tal vez en un mes esté lista, tal vez en más, quizás en menos. Parece que viva yéndome. No es eso.
Voy apilando sentimientos en un rincón en la zona oscura, donde la luz no se atreve a entrar. Intento olvidarme de que están ahí, dejarlos que se cubran de polvo y telarañas. Pero no soy capaz de deshacerme de ellos.
De vez en cuando los ordeno, les quito el polvo, retiro con caricias las telarañas, dejándome los dedos pegajosos y sucios, mientras las arañas suben por mis brazos.
Saboreo sentimientos, recuerdos. Algunos me golpean con su sabor amargo, otros me saben dulces, pero me deshacen el estómago apenas lo rozan, ácidos y corrosivos. Otros se dejan acariciar mimosos, como ese gato de ojos azules que se tumba sobre el lomo en el sofá para que le acaricies la barriga. Los llenos de caricias, paladeo su sabor, me embriago con su fragancia. Lloro, río, me emociono,... Y luego los vuelvo a dejar encerrados con llave en el desván oscuro donde nadie los puede alcanzar, donde nadie los puede destruir. Ni siquiera yo.
Y miro adelante, hacia la luz. Dejo que el cálido sol me abrace y me dispongo a crear nuevos recuerdos que no quemaré, sentimientos que apilar.
Hoy es el primer día. Hoy camino, como el bebé que acaba de aprender a caminar de puntillas. Me caeré. Me levantaré. El primer día.
Mi primer día
La guerra a veces no acaba, sigue eternamente, y se ve allí a lo lejos una victoria pírrica, en la que las pérdidas serán demasiado grandes. Me pierdo en escaramuzas, en repetir una y otra vez la misma puta conversación, inmersa como estoy en el día de la marmota. Todo se repite, todo. Las frases, las fases, las acusaciones, el puto chantaje, el puto chantaje, las amenazas veladas. A veces todo es tan "civilizado" que te da la sensación de que la guerra no existe. Pero existe, sigue ahí, jodidamente presente, tal vez más que si gritásemos y por las venas nos corriese sangre. Pero todo es aséptico y civilizado, todo es tranquilo. Y cuando te joden la vida con la misma tranquilidad con la que ordenan las cosas sabes que estás realmente perdida, que jamás vencerás, porque te ganarán por cansancio, porque minarán tu autoestima hasta que no tengas ganas de seguir luchando. El día de la marmota, el final que nunca llega.
Cuando digo "no" nadie me toma en serio, no debo tener pinta de ir en serio. Y ahí siguen, insistiendo, como si yo no hubiese hablado. La guerra. Pero no cuentas con algo. No cuentas con que yo soy más cabezota que nadie, no cuentas con que al fin tengo una meta. "No encontrarás a nadie como yo", dices. Esa es la idea. "Podemos volver a estar como antes", dices. Prefiero morir. Y ese convencimiento me asusta un poco, remueve fantasmas que yo creía dormidos, encerrados en el baúl de las cosas que nunca cuento. Pero hay fantasmas que vuelven una y otra vez, cada vez que bajas la guardia.
Venceré. Tengo que hacerlo. No hay muchas más opciones.
Y luego están las órbitas elípticas. Las relaciones importantes para mi describen últimamente órbitas elípticas. Es absurdo. Vivo en un continuo giro que me acerca o aleja de las personas que me importan de forma constante y permanente. Y son tan jodidamente buenas las fases de perihelio, la cercanía, esa confianza, la intimidad, complicidad, que me da por pensar que esa es la persona perfecta para mi. Y tengo la certeza de que sería perfecto y cojonudo, y absurdamente divertido. Y luego la cago, o la cagan, o simplemente seguimos nuestra órbita y llegamos a una fase de afelio, que, coño, hasta el nombre es horrible, y todo parece lejano e irreparable, más distantes imposible, y luego de nuevo cercanía, todo igual. Es absurdo, es absurdo.
Perihelio, explosión, vida, un escalofrío que recorre mi espalda. Pero siempre llega el afelio, siempre. Lo malo es que cada vez llega con más rapidez. Afelio, afelio, afelio. Lejanía, tristeza, llanto sin llanto.
A veces dejo de creer en todo, en la gente, en el amor, en la amistad, en las palabras, sobre todo en las palabras, porque es tan fácil hablar...
Así que de repente no creo en nada, en nada. Pero me llamas, cuando la tristeza es insoportable, cuando el odio lo inunda todo. Y es genial poder reir mientras lloras, mientras todo se hunde.
En un día de mierda, más jodido imposible, me preguntas si necesito un abrazo. Y coño sí, lo necesito casi tanto como respirar, porque he tocado fondo y no tengo ganas de seguir. Pero eso sólo lo sabes tú, sólo lo adivinas tú, que me conoces como nadie, que has visto a la Nuria oscura, obsesiva, esa que escondo de todos. Y aun así sigues ahí, no entiendo cómo sigues ahí.
Quieres que vaya a Valencia a abrazarte? Eso preguntas. Y es una de las cosas más increibles que me han preguntado, que me han ofrecido. Y yo, segura de que no vendrás, me río, porque no soy el tipo de persona por la que alguien recorre más de 300 kilómetros para dar un abrazo. Pero vienes, haces un paréntesis en tu vida para abrazarme, para tomarte una caña conmigo. Así que hoy vuelvo a creer en la vida, en ti.
Reir contigo es lo mejor. Si tu sentido del humor no existiese el mundo sería más inhóspito. Gracias por el día, por el abrazo (ya, ya, perdón y gracias, soy muy educada, juas), por el gato y la ventana. Eres enorme.
Hoy hace sol, hoy ha salido el maldito sol.
Ahora sólo trabajo en centros de salud y hospitales. Parece
que para captar socios en la calle buscan a gente más joven, juas. Soy joven
para recibir ayudas, mayor para determinados trabajos. Bienvenidos a este mundo
de mierda. El mismo en el que tuve que esconder mis estudios en el currículum
para conseguir entrevistas de trabajo. No, no me quejo, al menos he visto la
realidad y la asumo. El caso es que me paso el día en lugares tristes,
escuchando historias tristes, aunque estoy aprendiendo a relativizarlo. Ahora
escucho e intento dar esperanza. Y luego intento seguir adelante sin pensar
demasiado en esa señora que me cuenta que ha perdido todos sus ahorros en las
preferentes de Bankia (sí, esas de las que nadie habla). No creas que me
sobraba, dice. Me quité muchas cosas para tener una seguridad cuando fuera
mayor. Ahora mírame, mis hijos parados, yo sin un duro (ahoga un puto antes del duro, demasiado educada) para
ayudarles, enferma, pagando medicamentos… No veo las noticias, ya no las veo.
Ahora sólo veo canales de dibujos, con 71 años y viendo dibujitos. Pero es que
si no me da por llorar, me da por insultar a la tele, y luego lloro…
Pero pienso en ella, y en esa chica que tiene a su hijo
enfermo y le deben no sé cuánto de la dependencia.
Tengo una amiga con un hijo autista. Fueron a evaluarle para
concederle la ayuda por minusvalía. 94%, un maldito 94%. Gran dependiente, me
explica, entre 90 y 100 es gran dependiente. Varios se lo corroboran, pero
cuando le llegan los papeles… 74%. Menos dinero, le quitan la cotización a
seguridad social como cuidadora (desde que tuvo al nano no ha podido trabajar),
que no sé bien cómo funciona, porque la mala leche le impide explicármelo con
detalle. Reclaman, pierden tiempo y dinero, pasan por lo inimaginable, todo
pensado para desanimarles,… Al final han ganado. Sonríe, un pequeño triunfo.
Somos los primeros padres que consiguen algo así en la Comunidad Valenciana, el
resto abandonaron por el camino o siguen luchando, me cuenta. Pero yo hasta que
no vea el dinero no me creo nada. Lleva demasiados palos, demasiados
desengaños, y a mi me da por pensar en esos que quieren impedir que se aborte
aun en el supuesto de que el feto vaya a ser un niño con una grave minusvalía.
Tanto empeño en que nazcan para luego desentenderse de ellos, porque el sistema
se está desentendiendo de ellos, poniendo todas las trabas posibles, puteando
al máximo a padres ya de por si puteados.
Siempre pongo el mismo ejemplo, pero es que cuando lo conocí
me llamó la atención por el contraste: En el mismo momento que a los
dependientes de la Comunidad se les debía 16 millones de euros, a Calatrava se
le pagaron 15 millones por una maqueta de un edificio que nunca se construirá.
Y menos mal, porque conociendo los sobrecostes de sus edificios,…
El caso es que estos días en centros de salud me han hecho
pensar mucho. Edificios enormes, puro metal, cristal y mármol. Edificios
carísimos, muy amplios, con mucha luz artificial, demasiado espacio para
calentar en invierno y para enfriar en verano. Centros de salud inmensos en
pueblos diminutos, en barrios perdidos. Edificios poco funcionales y vacíos.
Sí, vacíos. ¿Cómo se mantienen esos mastodontes preciosos y poco prácticos?
Hospitales estéticamente perfectos pero mal pensados. Paneles informativos que costaron
600.000 euros y ahora tienen que estar apagados porque no se puede soportar el
gasto de mantenerlo encendido, un solo ascensor para un hospital enorme,
grietas en edificios nuevos, cristales enormes rotos (como en el CS de Nazaret)
porque no se tuvo en cuenta el asentamiento de los cimientos, algo que por aquí
parece ser problemático, …
Donde vivo hay un hospital militar. Defensa lo cedió a
Conselleria por 75 años, totalmente equipado y en funcionamiento. Pero no era “inaugurable”,
así que no le asignaron médicos, y va muriendo de abandono, mientras en el
pueblo de al lado construyeron un hospital enorme, de gestión privada, claro.
Allí sí fueron todos los políticos a hacerse la foto. Innecesario. Recuerdo
haber estado con mi hija en ese hospital, una prueba larguísima. Nos dejaron
solas, la niña llena de cables en la cabeza, quieta, quietísima. Yo me quedé
mirando el ordenador y en el protector de pantalla aparecían unas letras en las
que nos llamaban clientes. Joder, podrían cortarse un poco. Yo trabajé en una
clínica privada y mis jefes insistían siempre en que los pacientes eran
pacientes, intentando disimular el mercantilismo implícito. Pues en ese
hospital ni eso. Clientes. Claro. Así nos va.
Ahora me perdonáis el desbarre, pero es que tanto ver
edificios infrautilizados y carísimos de mantener (no entro en lo que costaron,
ni en cómo se adjudicó la construcción) me ha puesto de mala hostia, y me ha
hecho pensar mucho.
Ahora aprovecho para enlazar a una información muy importante que ha colgado María. En estos tiempos saber cómo paralizar una ejecución inmobiliaria es vital. Gracias María por ser tan increible y seguir luchando.
Y cuelgo una canción con una letra cojonuda que le he robado a j. Sé que él me entenderá, porque las cosas cojonudas hay que compartirlas. Aunque no os guste el rap escuchadla, es un poeta y dice verdades como puños.
Pasa el tiempo y no avanzo. Me quedo en este mismo maldito punto, en este mismo lugar. Por eso ya no me gustan las fechas especiales, porque me recuerdan que estoy en standby, que han pasado 3 años y sigo anclada.
Y pasa una nochevieja más y yo siento que muero por dentro. Y llega otro cumpleaños y noto que la vida pasa por delante sin apenas rozarme.
Pero entonces algo ocurre, algo que me recuerda que sí estoy avanzando, aunque lo hago tan despacio que a veces me olvido.
Hace 3 cumpleaños pasé uno de los días más tristes de mi vida. Casi nadie lo recordó. Y no era extraño. Yo era un ser aislado que casi no tenía amigos. Sólo mis amigas de la facultad que aguantaban estoicamente que yo no pudiese quedar nunca, que cuando lograba escaparme un rato fuese siempre mirando el reloj, que ellas se quedasen y yo me fuese siempre antes. Y mi hermana, que es la mejor amiga que se pueda tener.
Fue triste, fue como darme cuenta de lo aislada que estaba, de cómo me había apartado de todo.
El año pasado fue distinto. Doce en punto, mensaje de un amigo, de alguien para quien soy importante. Y luego mi mail lleno de mensajes, un café con una amiga, avances.
Anoche un amigo interrumpió su vida para llamarme, para hacerme sentir que importo. Hasta los decadentes tienen corazón. Este más.
Después un post lleno de mariposas al mail, una nana. Gracias María. Dos posts de cumple, eres genial.
Y luego un regalo increíble, un dibujo que es más yo que yo misma. Gracias Lázaro, me encanta.
Después... después alguien que me hace reír a pesar de mi ánimo triste cumpleañero. Y me dice cosas preciosas y me hace ver que sí avanzo. Mereces mil cuentos.
Y por la mañana ese Te quiero mucho mucho con esa voz... esa voz.
Y una canción de cumpleaños a dos voces de mis enanas muertas de la risa.
Y mensajes, y llamadas, ...
Sí avanzo. Ahora tengo gente importante. Ahora conduzco, y si me pierdo me encuentro sola, sin asustarme. Soy capaz de tomar decisiones y no pido permiso para cualquier cosa. Ahora puedo tener amigos. Ahora los tengo. Ahora importo. Qué coño, sí avanzo.
Hoy he visto mi vida pasar ante mis ojos. Casi muero el día de mi cumpleaños. Estoy mayor y me he resbalado en la ducha, juas. Sigo entera.
Así que feliz cumple a mi misma.