Siempre tuve mucho carácter, siempre. Era muy tímida, me daba miedo todo el mundo, pero cuando me enfadaba... Y me enfadaba. Mucho.
Borde es la palabra que más he escuchado desde bien pequeñita. Borde y rara. Ay, es que Nuria tiene ese carácter. Ufff, borde, borde, más imposible.
Hace un año y pico una compañera de trabajo me preguntó por qué me definía como borde. No lo eres para nada, me dijo. Pues cuentaselo a mi padre, contesté. Claro, me dijo, te lo han dicho tanto que al final asumiste que lo eras.
Ojalá lo fuese. Os lo juro. Ojalá fuese aquella adolescente enfadada con el mundo, borde y contestona. En algún lugar del camino dejé de contestar, de demostrar cualquier sentimiento que no fuese agradable, a tragar hiel y masticar enfados para que fuese más fácil tragarlos. Perdí la capacidad de expresar opiniones en voz alta si diferían lo más mínimo. Me convertí en una sombra. Me dejé el carácter en el bolsillo del pantalón que ya nunca usaba, y no supe recuperarlo.
Cuando dije hasta aquí mi madre se puso de su parte. Claro, yo ahora era
eso adorable, callado y sin opinión. Era
eso que no se enfadaba y lloraba a solas, eso siempre "feliz". No fuiste persona hasta conocerle, ahora dejarás de serlo. Eso dijo mi madre. Yo, convencida de que si la persona que más me tenía que querer opinaba eso todos creerían lo mismo, lloré. Mucho. Y le dije que no nos vería más, ni a mi ni a las enanas. Ya, hice mal, pero sentía como si me hubiesen arrancado en corazón, sentí que él tenía razón, que nadie me podía querer. Ni mi madre, pensé.
Ya, ya, muy dramático. Pues no sé, a mi me jodió infinitamente que mi madre tomase partido. Todo esto, dijo, pasa porque te ha consentido demasiado. Jajajaja Toma! Eso va a ser. Consentida, que rima con sometida. Y ahora lo pienso y me da la risa triste. Entonces no. Ni eso. Mantenía el tipo y luego lloraba a solas, o con mi hermana, mientras ella se cabreaba y decía burradas para hacerme reir.
Mi madre es muy buena, me ayuda tanto que no sé cómo agradecérselo. Pero le sigue creyendo, allí, al fondo, todo esto es culpa mia, porque soy un desastre, no sé cocinar, y no he hecho nunca lo suficiente. A la más mínima se le escapa la mujer tradicional y machista y yo soy la culpable por no ser una mujer como debe ser, como Dios manda. Y le dan igual las evidencias. Ya puede mentirles en su propia cara, llorando, mientras ellos saben que miente. Ya puede ver los vasos con agua y nuestros nombres dentro, la madera quemada con un lazo rojo, mi foto boca abajo, las cruces con fotos en los cajones. Ya puede saber por otros (mi palabra no es muy fiable) los desastres y las deudas. La culpa es mia, por no ser una señora de bien, por no seguir asintiendo a todo. Calladita estás más guapa Nuri. Y si además sonríes mejor.
Mi padre es distinto. Se opuso. No quería ni oir hablar de nada. Pero empezó a observar, a hablar conmigo. Un día me dijo que esta era yo. Esta eres tú, no eso que no era capaz de conducir, ni de hacer nada sola. Yo no te eduqué para depender de alguien. Eres lista Nuria. ¿Qué coño te pasó? ¿Cómo has dejado que te haga así de pequeña?
Y ya no ha habido ni un resquicio. Quiere darle de hostias. Quiere que acabe ya con todo y me separe.
Mi madre no. Mi madre monopoliza el dolor. Supongo que es difícil esto para ella. Está asustada, se siente frustrada. Yo lo entiendo. Pero... ¿y yo?
¿Qué he hecho yo para merecer esto?, repetía un día una y otra vez. ¿Y yo?
Hace poco nos dijo que si hubiese sabido esto no nos hubiese tenido. Mi hermana y yo nos miramos y nos dio la risa, por lo absurdo, por lo cruel.
Hoy me ha dicho que sufriría menos si yo viviese a mil kilómetros. Juas. Ojalá. Ojalá pudiese coger a las enanas y huir. Pero, ¿dónde?
Me recuerda constantemente que le dije aquello horrible. Pero ella no cree haberme dicho nada malo, nada. Eso cree.
Llevo un par de semanas (quizás más) invadida por la tristeza. No recuerdo nada igual desde la adolescencia. Y yo, que escribo compulsivamente cuando estoy triste, no he podido apenas escribir. Me faltan ganas, y cada vez que me pongo empiezo a llorar y no puedo parar. Pero no puedo permitírmelo. Ya vendo poco sin tener cara de monstruo de ojos hinchados. Y no puedo ser esa madre. No puedo. No pueden vivir acostumbradas a verme llorar.
Y no. No cuento esto por dar pena, o por llamar la atención, o por preocupar a nadie (aunque eso ya lo he hecho, disculpa j., y gracias por aguantar el tirón). Ya ha acudido parte del séptimo de caballería a ayudarme, porque encima todo lo de la demanda se retrasa. Estaba preparada para la parte difícil, para la lucha. No creía.que seguiría en el puto modo espera que me está matando. Gracias a que María está para asistirme y echarle broncas a mi abogada (y hacer el trabajo que ella no hace).
Escribo esto porque hoy he discutido con mi madre, y era esa maldita gota que le faltaba a mi puto vaso.
Y encima sigo sin ordenador, juas.
Pasará. Sonreiré. Reiré. Mírame vida hija de puta. Te estoy esperando. Pega aquí. Te espero.
¿Dónde acaba uno mismo y empieza a ser sólo una sombra (de lo que fue)?